Estrategias para mejorar la disciplina y la convivencia en el aula

Uno de los problemas más comunes a los que se enfrenta el profesor al impartir las clases es el control de los grupos. Gran parte del tiempo efectivo que debería estar destinado a la enseñanza se pierde en tratar de manejar la disciplina en el salón. Al intentar encontrar las causales de  ésta situación se pueden señalar incontables posibilidades. Pero sería conveniente el encontrar los puntos en los que el profesor podría mejorar para tratar de revertir dicha situación.

Para lograr una sana interacción y convivencia en el aula se requiere crear ambientes en donde los aspectos afectivos (emociones y sentimientos), se encuentren íntimamente relacionados con el pensamiento, la comprensión y los procesos conscientes de meta-cognición y autorregulación que intervienen en el aprendizaje. Ante esto podemos darnos cuenta que el papel del docente tiene un peso específico como promotor y generador de ambientes propicios para una sana convivencia y aprendizaje. Pero para ello se requiere que prevalezca un estilo de enseñanza que impacte de manera positiva en el crecimiento personal de los estudiantes, el aspecto cognitivo y los procesos de socialización.

Los ambientes propicios para el aprendizaje parten de un punto en el que la dimensión afectivo-emocional es el eje del desarrollo integral del educando y al mismo tiempo del profesor. Y esto es evidente en las aulas, todos nos hemos dado cuenta que, cuando se establece un lazo afectivo entre educandos y maestro, la convivencia en las aulas es propicia para un aprendizaje más efectivo.

Aquí te ofrecemos seis estrategias para mejorar la disciplina y la convivencia en el aula

Cuida el tono y tipo de lenguaje. Pareciera que a esto se le da poca importancia, ya que poco o casi nada se habla de las repercusiones que en las actitudes de los alumnos esto tiene. Pero distintas investigaciones han dado cuenta de cómo el ánimo, ambiente y disposición para trabajar, fluctuaban de un polo a otro según el tono o tipo de lenguaje con el que el docente se dirige a los estudiantes.

Muestra gestos y actitudes agradables con el rostro. El rostro es una manifestación muy rica del grado de aceptación y del humor; a través del rostro  el niño puede captar si es un buen partícipe y si es bien aceptado.

Crea una buena sintonía. La sintonía se puede expresar y el niño es capaz de captarla a través de las manifestaciones verbales y no verbales. Se refleja en el movimiento, en la postura, gestos, tono de voz y la mirada. El profesor debe ser hábil en la demostración de la sintonía o empatía y también en la correspondencia con el niño. Crear sintonía es una buena opción para situarse en un aula con niños, es una habilidad por tanto, que puede aprenderse y produce efectos beneficiosos tanto en el maestro como en el alumno.

Ten un buen tacto pedagógico. En éste ámbito es necesario puntualizar la importancia del tacto pedagógico en las relaciones entre el docente y los estudiantes. En sinnúmero de ocasiones los profesores se enfrentan a situaciones que demandan un manejo muy cuidadoso, ya que si se da un paso en falso o no se le da el cauce adecuado, podría resultar en algo nocivo para la escuela. Por ello es esencial para el maestro tener tacto en las interrelaciones con los estudiantes, el tacto implica una gran sensibilidad y una percepción consciente que se debe procurar; “(…) una persona que tiene tacto posee la habilidad de saber interpretar los pensamientos, los sentimientos y los deseos interiores a través de claves indirectas como son los gestos, el comportamiento, la expresión y el lenguaje corporal” (Zúñiga, I. (2007).

Lee las actitudes. Es necesario que el profesor sepa “leer” ciertas actitudes que los alumnos muestran, voluntaria o involuntariamente, y que pueden dar referentes del porqué de su desempeño, De ésta manera podemos atender la situación y regularizarla, además de hacer sentir al niño que es querido, entendido y apreciado. Por ello, es esencial reconocer la importancia del papel que juega en este rubro el desarrollo social y afectivo, y el gran valor de fomentar la autoestima, y la confianza en el niño, puesto que además de ir fraguándose desde etapas tempranas de la vida, tienen una gran incidencia en el rendimiento escolar y en el aprendizaje.

Predica con el ejemplo. Los estudiantes advierten lo que hacen y dicen los profesores, a quienes tienden a imitar. Un primer axioma es por tanto, predicar con el ejemplo, pues es fácil que las conductas sean seguidas. Los niños aprenden a expresar su afectividad observando cómo lo hacen los adultos más cercanos y significativos.

Como podemos notar, más allá de los obstáculos que emanan del contexto social y que repercuten negativamente en las tareas dentro del aula, el rol del maestro es primordial para tratar de mantener un buen ambiente de aprendizaje y por lo tanto mejorar los niveles de sana convivencia.  De igual manera, explorar el tema de la afectividad puede proveernos de nuevas herramientas a emplear para poder atender las problemáticas referentes al control de grupos.

¡Esperamos que te haya sido de utilidad!

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  1. Nelson Torres 26 septiembre, 2019 Responder

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